Te dejé de buscar y nos distanciamos; pero no dejé de quererte

 *Historias ocurrentes 

En muchas ocasiones, dicen que siempre se debe tomar el toro por los cuernos, para enfrentar los asuntos, problemas o infortunios que se nos presentan en la vida. Esto con el fin de medir nuestra fortaleza. En otras, cuando no hay nada que hacer y su estabilidad mental, emocional están en juego, lo más saludable pareciera ser la distancia.

Te pienso, te extraño; pero muchas veces era por lo que podía dar y no por lo que esperaba de vos. Aguanté humillaciones, viví momentos únicos por supuesto- donde posiblemente estaba engañado-, por eso era saludable la lejanía. Te quise como a nadie, como una familia, estaba ahí para cuando ocuparas, sabías que si algo pasaba y te rompía el corazón por otra persona, no importaba acompañarte una semana entera. Pero me olvidé de mi.

Te di mis mejores años, cuando más energías existen, cuando más ganas de brindar un sentimiento están presentes; pero solo engordamos tu ego, tu autoestima; la mía se veía cada vez golpeada. Porque lo permití, me decía. Pero aun así me sentía complacido, me excusaba, a pesar que crecía el daño. 


Te fui leal, fiel y auténtico; sabías que nunca te iba a estocar un cuchillo por la espalda, ¡jamás! No me importaba si me acaparabas, me absorbieras, en cierto modo era feliz, a medias estoy seguro. Y aún ahora lo mantengo, pero tú el día el mañana lo extrañarás, yo por mi parte, seguiré siendo genuino y otra persona lo aprovechará.

Como  sabías que ahí estaría para ti, soportaba tus enojos, tus cambios de ánimo, tus guaros vaqueros; aunque a mí luego me desgarrara el alma. Pero ya un basta, un hasta aquí, porque hay dignidad.

Debía soportar verte besar a otro, aunque quería ser ese en otro cuerpo por unos momentos, y luego, comportarme como el amigo, el leal; pero ya no más porque no se mendiga.

Cuántas veces no soporté tus echadas de casa, porque no tenía con qué irme, donde marcharme, y con gritos y odio, como cual rata y cucaracha se trata; incluso a estos animales solo se les mata y ya; a mí lo hacías lentamente. Pero me quiero y me amo a pesar de haberlo soportado.   


Sé que en algún momento leerás esto, porque me duele haber aguantado y haberte golpeado por tanto que cargué, te pido perdón por no asumir una decisión antes, por no dejarme, por respetarme antes a mí mismo. Empero tu orgullo no te permite ver, yo sí y dejaba de fallarme a mí.

Tenías a alguien sincero, honesto, tal cual; y no lo aprovechaste, es mi turno de hacerlo por mí mismo, por mi rumbo, por mi dirección. Ahora diferentes caminos andaremos, y siempre estarás en mis oraciones, en mis bendiciones, porque si te quería realmente, como se ama a una mamá.

Aun así me preocupo por cómo estarás, como te digo: nos alejamos, pero no dejaré de quererte. Inclusive guardo eso en mi corazón, reemplazo al odio. Busco lo que merezco, no lo que esperaba que me dieras. ¡Buen viaje! 


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